19 septiembre 2007

madeleine, el relato


Siempre hemos necesitado relatos, cadenetas emocionales que nos ayudan a a vivir porque difuminan nuestra soledad, el asilamiento. Los libros de los pasajeros del metro, las colas en la FNAC, los blogs, los dvds con los periódicos, el botellón, los tamagochis, las tortitas con nata de las niñas bien en el VIPS, el último disco de Manu Chao, la sonrisa de mi abuela viendo sus culebrones...

Nunca me ha gustado la gente que se burla de los culebrones, que prioriza la sofistificación sobre la humana necesidad de historias. Su desprecio es clasista, su soberbia les impide ver el nervio que palpita bajo el acabado de la producción: hay amor, hay lealtad, hay infidelidad, bondad, generosidad, esperanza, heroínas y villanos, y sentido del humor, y maldad, y muerte y nacimiento.

Al caso Madeleine no le faltan ingredientes. La narración, que se va trenzando en tiempo real, comenzó como un suceso más pero ya es un híbrido de novela policiaca y culebrón. Su propia dinámica ha despertado un deseo en los espectadores: los padres tienen que ser los culpables. Es el más tranquilizador de los posibles finales, incluso el más terrible de los relatos, el más trágico, debe cerrarse con el castigo a quienes cometieron la fechoría. En la vida no ocurre siempre lo mismo, veremos que pasa aquí.
Casi instintivamente, los medios vieron sustancia en este caso, el potencial. Hoy me pregunto si los narradores han traicionado sus principios. No es una preocupación estética, sino ética.

1 Comments:

Blogger Diego Fernández Magdaleno said...

Como miles de personas, publiqué en mi blog una imagen de Madeleine McCann, conmovido por su desaparición y con un profundo sentimiento de solidaridad hacia sus padres, protagonistas, junto a la niña, de una tragedia enorme que se extendía a todo el mundo. Las investigaciones de la policía y la judicatura portuguesas han dado un giro absoluto al caso, ya que los padres han pasado a ser sospechosos oficialmente. Es terrible. De ser cierto, asistiríamos a un crimen seguido de un momumental y repugnante despliegue de cinismo. Si, por el contrario, no lo es, los padres estarían viviendo una situación de incomparable injusticia.
En Gran Bretaña sugieren una campaña contra la familia McCann. La única certeza que tengo en este caso es que tal campaña no existe. No hay razones objetivas, al menos, de que sea así.
Sobra apasionamiento y falta serenidad.
Saludos,
Diego

1:38 p. m.  

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