la otra cuesta de enero

Creo recordar que Tino Grandío murió un verano, en su pazo de Lugo. Y sé que mi padre apenas estuvo dentro de la casa aquella tarde, que se sentó fuera para a compartir lo perdido con el perro. Le hablaba de las viejas noches, le acariciaba, se quedaban mirando el cielo. y recomenzaban. Por eso Adán pudo morir como murió al rato, de pena pero sin tristeza.
Cada día, gente a la que conocemos recibe menos ternura que la que recibió aquel perro. Gente nuestra. Las navidades quedaron atrás y comienza su cuesta de enero. Saben que pasará el tiempo, que tardarán en volver a saber de nosotros. Bastaría con proponerse de vez en cuando un gesto. Descolgar un teléfono, comprar unos pasteles o subirse a un autobús, lo que sea. Al fín y al cabo, el cariño no remedia el sufrimiento pero si que alivia la soledad.
Fotograa del post: "Fresas salvajes"
Escrito mientras escuchaba "serenade" de Emiliana Torrini
1 Comments:
Bellas palabras para delatar el egoísmo e individualismo creciente. Los sentimientos no tienen precio, no depende del bolsillo.
Ojalá sirviera para añadir algunas cosillas a los propósitos de año nuevo.
Un saludo
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