al vacío

Enganchados al consumo de emociones envasadas, nos hemos desconectado de buena parte de la vida. Y hasta el dolor nos parece más que síntoma, enfermedad. Nos hemos desacostumbrado al sufrimiento, algo tan normal y temporal como la risa. Nos cuesta reconocernos en escenarios adversos Esto también va de aprender a resistir, de de no perder la serenidad y de avivar la esperanza.Porque, al fín y al cabo, no hay placer más grande que un buen deseo.
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