Olvidar a Rodin

En el post anterior hablábamos de la voracidad creativa. En la exposición "Olvidar a Rodin" de la Fundación Mapfre -Madrid, hasta el 13 de septiembre- los hambrientos, los derovadores de piedras y metales. Entre otros, Zadkine, Gutfreund, Hoetger, y, sobre todo, Lehmbruck.
Escultores en los años de tablas rasas, portadores de las vanguardias. El reto, asumido: llevar el arte más allá de la perfección formal. Y para alcanzarlo, los nuevos materiales, el tesón en la formación y el afán, en la búsqueda, en el espíritu.
Lehmbruck cincela el existencialismo, el expresionismo desprovisto de grito; estiliza al extranjero que llevamos dentro. Cautiva esta escultura, respirando junto al yeso original -colosal- de "El pensador" de Rodin", porque en ese contraste hay una invitación a deshacerse del fetichismo. Son pocos los años que separan esas dos obras, y, sin embargo, había pasado tanto que ya nada volvería a ser lo mismo, ni el arte, ni el ser humano.
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