04 agosto 2009

6 doble

A veces, para escribir, me traslado a "los viejos", que es como llaman en Escalona al bar donde los jornaleros jubilados van a echarse su partida de dominó y a tomarse un chato de vino por las tardes. De niño entré pocas veces allí, muy pocas. Pero recuerdo la primera: persianas casi bajadas del todo, sólo hombres, todas las mesas ocupadas, sólo el leve zumbido del ventilador del techo y el ruido de las fichas de dominó, un sonido seco y constante. Arrítmico. El sonido de l tránsito.

Aquellos hombres, todos muertos ya, aceptaban cada victoria y cada derrota sin abrir la boca, sin variar el gesto.

Con el paso de los años, me sorprendo a mí mismo en ese gesto. Sobre mi cara, se están sembrando las arrugas del castellano viejo que espero llegar a ser.

No hay diferencia. Las fichas del dominó golpean la madera con la misma indiferencia. Cada vez celebro menos las victorias y exteriorizo menos el sufrimiento. Cada vez más, más el mismo gesto.

Y sin embargo...

Sin embargo la presencia de ánimo, tenaz. Tenaz como sólo pueden serlo el amor o la esperanza. Por eso ahora, precisamente ahora que el tiempo labra mi piel, elevo la comisura de los labios. Sonreír. Por todo lo que compartimos.


Escrito mientras escuchaba "The greatest", de Cat Power
Imagen del Post: inventario

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2 Comments:

Anonymous Viramundeando said...

Creo entender de qué hablas...felicidades.

3:08 a. m.  
Anonymous Anónimo said...

Escribes como los ángeles

4:27 p. m.  

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